¿Qué hacer con la movilidad eléctrica?
No es una duda existencial personal sino una pregunta que se vienen haciendo todas las automotrices (o la mayoría) en los últimos tiempos. En este convulsionado mundo en general, y en el del automóvil en particular, no es sencillo tomar decisiones sobre nuevos modelos, y ni hablar de cuestiones más de fondo, como hasta donde avanzar con la electrificación. Hace unos pocos años parecía que los EV «se llevarían todo puesto». Y de hecho muchas automotrices hicieron fuertes apuestas (económicas) en tal sentido. Cuando el avance eléctrico se frenó, se encontraron con que toda esa inversión no servía de mucho, y al no haber avanzado en desarrollos convencionales, tampoco había mucho para ofrecer en térmicos e híbridos.
Y a pesar que la venta de eléctricos se está reactivando desde hace varios meses (en Europa por ejemplo), las marcas saben que todavía hay un tiempo no tan corto de espera hasta que se haga masiva. Y a Honda, como a la mayoría, le pasó eso: sobre todo para el mercado norteamericano, hizo grandes inversiones para una nueva familia de modelos eléctricos (entre ellos el Type O de la foto principal) y ahora ha dado de baja a esa línea de avance, pero al mismo tiempo se encuentra con un 2026 y parte de 2027 sin novedades para los consumidores (estadounidenses principalmente). Hay que recordar que las ventas del Prologue, SUV eléctrico en colaboración con General Motors (ver nota) son mínimas, y de hecho Honda decidió dejar de ofrecerlo entre su gama.
Al haber cancelado de manera total sus planes eléctricos, al menos haberlos puesto «en el freezer», se complica el panorama en cuanto a nuevos productos, y sobre todo en el corto plazo. Es cierto que está preparando una nueva CR-V, pero llegará recién en 2027, al igual que un nuevo Civic (ver nota). Pero además hay otro problema, y no menor. Los proveedores norteamericanos de autopartes, involucradas en aquellos nuevos eléctricos que ya no llegarán, también realizaron inversiones (calculadas en algunos miles de millones de ((USD), y no resulta tan simple decirles «bueno, tiren todo eso porque no se lo vamos a comprar». Hasta podría enfrentar una demanda en tal sentido. Todo esto sumado a lo que le pasa a casi todas las no chinas: vienen perdiendo contra el gigante asiático. Saldrá adelante, sin dudas, pero tiene un futuro inmediato complicado.






