Bueno, ¿qué ocurrirá exactamente?, no puedo saberlo, no soy adivino. El mundo del automóvil (el mundo, diría) está cambiando en estos últimos años como nunca lo había hecho en ¿décadas?, y nadie sabe cómo seguirá y con qué profundidad y rapidez cambiarán los distintos aspectos de nuestra vida. En el caso específico del mundo de los autos, que nos ocupa, el panorama es muy incierto en todo el mundo (salvo China), así que… ¿por qué no resultaría incierto en Argentina? Lo es y más que en otros mercados. Y confluyen varias razones, pero una de ellas es la que abordo en este caso, el fenómeno chino. Porque el cambio de rumbo total en lo que hace al gobierno argentino (acertado o equivocado es otro tema, que excede a esta nota), colabora con la incertidumbre respecto a si estos grandes cambios tendrán continuidad en el tiempo o no.
Pero volvamos a China. Sus automotrices (más de 100 marcas) están complicando al mundo entero. Porque llegan a precios bastante inferiores, ofreciendo lo mismo o más que europeos, japoneses o norteamericanos. ¿Y cómo lo logran? Bueno, se suman varios factores y todos contribuyen a precios que nadie puede conseguir. Por un lado, lo que se denomina Economía de Escala. Es tan grande su mercado interno que sus costos de producción son inferiores, por esa razón, al resto del mundo. Además, los sueldos que pagan son inferiores a aquellos mercados, su productividad es muy alta, y como si todo esto fuera poco, aunque no tengamos datos exactos, se sabe que su gobierno subsidia al menos a muchas automotrices locales, con lo que pueden ofrecer -aun- menores precios. Complicado competir contra todo eso, ¿no?
Pero no nos engañemos, no es solo un tema de economía de escala, bajos costos, dumping o subsidios. Sus productos, en general, son muy buenos; al menos inicialmente, nuevos. Cómo envejecerán resultado imposible saberlo porque no hay suficiente experiencia al respecto. La mayoría de las automotrices son bastante jóvenes. Y si tomáramos el ejemplo de la Chery Tiggo, uno de los primeros modelos en ofrecerse en Argentina, no sería del todo justo. Eran otras épocas y la industria china también. No es un modelo precisamente de grandes virtudes, pero tampoco lo eran aquellos Hyundai Pony de los 80´s y veamos cómo están los coreanos hoy.
Tal como están las cosas, en el mundo, y más en Argentina, pretender «pelearles» mercado de igual a igual a los chinos resultará desgastante, pero a la vez inútil. Y hay varias experiencias mundiales al respecto. Uno de los caminos, tampoco el ideal, pero sí viable, es el de aquella frase famosa de guerra; «si no puedes contra tus enemigos, únete a ellos». Y de hecho lo vienen haciendo hace varios años algunas marcas como Volkswagen (SAIC), Citroën (Dongfeng), BMW (Brilliance) y varias más. Hoy en el mercado argentino tenemos algunos ejemplos, como la exitosa Ford Territory, Chevrolet Captiva o Renault Koleos (con participación de Corea). Y cada vez tendremos más. Volkswagen ya comenzó a exportar los modelos fabricados y pensados para aquel país a otros mercados (ver nota) y no es la única.
¿Y en Argentina finalmente? Bueno, estamos asistiendo a un aluvión de marcas chinas. Chery está hace tiempo, si bien se ha reinventado, lo mismo con Geely, se sumaron dos muy interesantes como BAIC y BYD, además de MG, Haval, Changan, y otras tantas. Pero casi a diario aparecen nuevas como JMEV, SWM (de Shineray), Forthing, Kaiyi, estas últimas desconocidas para la mayoría de los argentinos, entre los que me incluyo. Y aparece una conclusión inicial obvia: «si la cantidad de comensales no cambia, y la oferta de restaurantes es mucho mayor, inevitablemente algunos de ellos cerrarán o mutarán en el mejor de los casos». Es cierto que si lográramos (como país) aumentar la demanda, tanto interna como de exportación, «aumentarían los comensales», pero además de no resultar sencillo ni rápido, aún así creo, será mayor la oferta que la demanda.
Resulta complicado hacer una estimación pero quizás, para la cantidad de marcas actuales (y las que seguirán llegando), tendríamos que tener un mercado interno superior al millón de unidades y exportar mucho más que las menos de 300,000 que se envían al exterior actualmente cada año. Por lo tanto, aunque para el consumidor será un muy buen panorama, con mucha mayor oferta, en cantidad y en calidad, el modelo de negocio cambiará (lo está haciendo) y algunas quedarán en el camino. ¿Se irán del país Volkswagen, Ford, las marcas de Stellantis, Chevrolet, etc.? Resulta muy poco probable que ello ocurra pero sí habrá menos concesionarios oficiales de las marcas clásicas. Y en todo caso, habrá un período de turbulencia, de subas y bajas, de ingresos y egresos, pero finalmente la oferta automotriz, que será mayor y diferente, sufrirá cambios y algunos serán bajas en marcas y/o modelos.
Lo cierto es que el consumidor argentino se está animando rápidamente a «probar» los modelos chinos y «asumir el riesgo» de cómo resultará su postventa y envejecimiento. No tienen mucho para perder; hay marcas tradicionales, no chinas, que tienen importantes demoras con repuestos, así que no estamos tampoco en el paraíso en ese sentido. A nivel industria, Argentina deberá definir en qué se especializa (en general). Y si no resulta «rentable» producir determinados bienes, habrá que repensar el tema. Claro, hay muchas variables en danza como los puestos de trabajo, uno de lo más importantes, la alta carga tributaria que hace más complicado aún competir con los de afuera, y mucho más con China, etc. Pero tampoco es razonable que paguemos las cosas mucho más que su precio internacional, y menos cuando nuestros ingresos están por debajo de los internacionales; y hasta los de nuestra región. No digo ir al modelo chileno de «todo importado» pero en todo caso deberá nacer un nuevo modelo industrial y comercial para el mundo del automóvil. Veremos qué nos depara el futuro.










